
Es verdad que algunos la
utilizan para insultar y hablar estupideces en canales de televisión o radio, pero los que
saben cositas entienden que la lengua representa, además de la mejor compañera a
la hora de comer, un instrumento infalible para brindar y alcanzar placer.
“Ya en estas épocas
avanzadas de la humanidad, a uno le extraña que esta técnica de obtención de
placer tan antigua sea al mismo tiempo tan desconocida”, Nos comenta Carmen
Nieves Tremont, médica y sexóloga, cuya especialidad desde hace 18 años es escuchar
a parejas con conflictos sexuales.
Bésame, bésame mucho, como
dice la canción…
…“El cunnilingus, como se lo conoce
técnicamente, constituye lo que normalmente denominamos sexo oral para la
mujer. Una experiencia única, no tanto por lo placentero sino porque en muchos
casos es el acto que abre las puertas a lo que será la penetración en sí. Lo que vendría a ser la segunda fase del goce
sexual”, apunta Tremont, diferenciándola de la felación o sexo oral para el
hombre.
Manjar preferido del
Kamasutra, la biblia del sexo lo describe como “el acto sublime” de usar la
lengua y la boca para chupar y lamer la zona vaginal y el clítoris. Se ha dicho
que las mujeres que disfrutan con el sexo oral generan un vínculo emocional
gracias a la intimidad del acto, además de sensaciones a veces más placenteras
que la penetración.
Un estudio realizado en 2003
por The Women’s Sexual Health Foundation, de Estados Unidos, con preguntas
sobre hábitos sexuales a 2.130 mujeres en universidades de Nueva York y
Pensilvania, señala que apenas 37% de las consultadas incluían como menú
principal el sexo oral en sus relaciones.
Pero, el mismo trabajo halló
que 97% de ese 37% de chicas que amaban tal experiencia confesaban obtener “los
mejores orgasmos de su vida” a través del cunnilingus.
Una leyenda extendida, no comprobada
aún por historiadores, sostiene que el sexo oral era practicado en la antigua
Grecia y Egipto. Se dice que Cleopatra
desarrolló una técnica con trucos que elevaba al punto más alto del placer a
mujeres y hombres.
Tremont apunta un hecho
curioso alrededor del cunnilingus: Es increíblemente alta la cantidad de miedos
y prejuicios se interponen en muchos hombres para abordar esta práctica, aún
cuando se trate de hacérselo a su propia pareja, según ella afirma, es comprensible
que esto ocurra porque la vagina llega a convertirse en un depósito de gérmenes,
esto cuando la mujer en cuestión, es algo descuidada con su higiene”.
Apunta que algunos tipos de
herpes y otras enfermedades sexuales son fáciles de contagiarse por esa vía,
aunque también sostiene que hoy es muy difícil que una mujer no le preste
atención a una de las zonas más preciadas de su organismo.
Una vez vencidos los
temores, el cunnilingus es prácticamente como pasar por la casilla de GO en un
juego de Monopolio, y tener todavía el privilegio de otro turno para lanzar los
dados.
Tremont se atreve a brindar
un consejo a los hombres y mujeres, y este es que: Ninguna mujer es igual a
otra y así también una vulva no es igual a otra. “Depende de la conformación
física de la mujer y de que su clítoris esté más o menos visible, dándose,
todas estas situaciones, ese máximo de placer podrá alcanzarse de una u otra
manera”.
En todo caso, la reacción de
placer puede confirmar que se está en el lugar adecuado. Si no se está seguro,
haga como quien está perdido en una ciudad desconocida y no dispone de un GPS:
pregunte hasta que ambos lleguen a la zona más excelsa y disfrutable del
placer.
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